miércoles, 20 de mayo de 2009

Chema Lumbreras, lo que los cuentos infantiles ocultan


Tres artistas ciegos

En sus pinturas y conjuntos escultóricos de pequeño formato, Lumbreras crea un mundo de ficción en el que elabora, bajo la engañosa apariencia de una escena de cuento infantil, un potente discurso metafórico. Personajes híbridos entre lo humano y lo animal ilustran las más bajas pasiones del individuo contemporáneo y los desequilibrios de un mundo globalizado. La reducida escala de las figuras sirve al artista para elaborar escenarios inmensos, que comunican a la vez una sensación de fragilidad e insignificancia del ser humano. Tanto en las esculturas como en las pinturas, el artista malagueño nos presenta un fragmento de una narración que el propio espectador se encargará de completar.



Amor loco

Entrevista a Chema Lumbreras en el ABC de las Artes y las Letras

El CACMálaga se ocupa del trabajo objetual de Chema Lumbreras, una obra frágil, en constante equilibrio, realizada a partir de objetos cotidianos y pequeñas historias

Javier Díaz-Guardiola

Las esculturas e instalaciones de Chema Lumbreras (Málaga, 1957) sorprenden en un primer momento por su tamaño -una escala que nos convierte en gigantes-, su fragilidad y su poesía. Sin embargo, cuanto más se permanece ante ellas, la profundidad de su mensaje más se despliega ante el espectador. El CACMálaga, «empeñado» también en promocionar el joven arte andaluz, se centra en la faceta tridimensional de un artista que no ha dejado nunca de experimentar con las técnicas para aprender algo más sobre sí mismo.

La exposición del CAC se ocupa de sus instalaciones y sus trabajos más objetuales. Sin embargo, usted también cultiva la pintura y el dibujo. ¿Qué imagen de Chema Lumbreras se pretende dar con esta cita?
En principio, la muestra se centra en mis trabajos escultóricos, los más objetuales, junto a tres instalaciones. Esta era la obra que mejor se acomodaba al espacio del centro, un receptáculo muy alargado en el que no veía mi pintura. Las obras, hasta un total de catorce, son todas ellas muy cercanas en el tiempo, arropadas por un montaje específico para la sala. Ellas comparten mi interés último por unos materiales muy pobres como son el papel higiénico y el alambre, de los que nacen personajes esteriotipados, casi sin rasgos, junto a un uso específico de los objetos cotidianos.

Tanto en su obra escultórica como en la pictórica destaca su sentido de lo espacial.
Ahora me estoy centrando en una escultura de escalas muy pequeñas, frente a unas piezas anteriores en la que la escala era mucho mayor y la presencia de la obra muy contundente para el espectador. En estos momentos prefiero trabajar con estos pequeños formatos en los que el que observa está por encima de la obra. Tarkovski, el director de cine ruso, solía referirse a la percepción de lo cinematográfico de su colega japonés Mizoguchi como la de un pájaro que mira el mundo desde lo alto. Por ahí iría el sentido de la escala de en mi trabajo actual. Ella convierte al espectador en protagonista del hecho, de lo que sucede en la obra.

¿Le define lo fragmentario?
Yo creo que sí, pero porque en los tiempo que vivimos la fragmentación es una de las notas dominantes del mundo moderno, tan complicado, tan disperso, compuesto por mil elementos imposibles de unir. Una de las misiones del artista es conseguir juntar todos esos fragmentos, aunque yo creo que casi siempre se fracasa en el intento. Trato de aproximarme al mundo que me es más próximo, lo que convierte muchas de mis temáticas en casi anécdotas, algunas más de largo alcance, pero basadas en elementos cercanos. Me considero, en definitiva, un contador de pequeñas historias, historias que parten de una mirada subjetiva que es la mía, pero que se complementan y completan en el espectador. El arte debe generar preguntas, más que respuestas.Tengo incluso obras cuyo significado desconozco, pues parto de imágenes mentales que interrogo y que intento llevar por un sitio o por otro, sin que eso se consiga siempre.

¿Eso significa que su trabajo es más intuitivo que razonado?
Parto muchas veces de elementos icónicos, de ideas que a veces no resuelvo a nivel formal, pero que quedan ahí, y pueden reaparecer con el tiempo. Las imágenes que me interesan son muy intuitivas y no suelen venir del exterior; suelen ser, incluso, anteriores a la palabra. Yo creo mucho en el pensamiento visual: la imagen es la que va sugiriendo los argumentos.

Miremos más a largo plazo. ¿Cómo cree que ha ido evolucionando su trabajo?
Yo empecé con la pintura, aunque en realidad he hecho de todo: foto, dibujo, escultura, instalación... Siempre me tomé todo esto como un ejercicio de aprendizaje. Es ahora cuando estoy obteniendo resultados, cuando las cosas comienzan a tener sentido después de mucho tiempo. Cuando se es joven, uno cree que tiene las cosas más claras. Ahora, a medida que se avanza, te das cuenta de que te quedan muchas cosas por aprender. No obstante, ahora me siento más seguro a la hora de enfrentarme a la obra y con un cierto conocimiento sobre mí mismo y lo que hago.

Ese transitar por las diferentes técnicas, ¿ha sido lineal?
Ha sido siempre muy de entrar y salir. Nunca he sido una persona lineal. Soy el anti-estilo. Cuando miro atrás veo muchísima fragmentación e incoherencia en mi obra. No quiero decir como hacen muchos que el nexo de unión, que la coherencia es interna. Para mí, trabajar ha sido siempre una forma de aprendizaje: era necesario quemar una serie de etapas, y seguro que algo he sacado de aquí y de allá. Por eso, aunque en Málaga se presenten esculturas e instalaciones, no es imposible volverme a ver pintando. No cierro ninguna puerta, y eso que siempre he trabajado la pintura desde la cuerda floja, encontrándome muchos problemas a la hora de decir cosas desde esta técnica. No era entonces la pintura la que estuviera muerta, sino yo mismo. El arte en general trabaja con elementos muertos a los que el artista tiene que darles vida. n

La crítica habla de la ironía como otro de los ingredientes clave de su trabajo, una «herramienta para el conocimiento».
Utilizo la ironía porque tengo que analizarme a mí mismo, y porque yo soy el primero del que me tengo que reír. Esa es una verdadera forma de conocimiento. Con el tiempo me gustaría no ser tan irónico, tener un humor más fino. Como todo ser humano, a veces soy más irónico, más cáustico, más cínico... Pretendo alcanzar una sutileza mayor, aunque por ahora me quedo con la ironía.

¿Son las obras tan frágiles como aparentan? ¿Dónde reside su rotundidad?
Son frágiles, en el sentido de que están hechas de papel, de alambre... Pero son rotundas porque convierten al espectador en protagonista. Es la presencia más importante y la que da sentido a la fragmentación de elementos.

¿Se puede hablar de determinados fetiches, mensajes, símbolos u obsesiones que le sigan?
Podría ser. La gente habla mucho de un elemento sexual muy fuerte en mi trabajo, algo que ni siquiera yo me planteo cuando desarrollo una pieza. Obsesiones más conscientes son mi preocupación por determinados temas, como la muerte o la enfermedad. La instalación La farmacia de Platón es un buen ejemplo.



Adios

Galería Maior - Palma; Can Sales, 10 Palma de Mallorca. Hasta el 15 Junio de 2009.

1 comentario:

silvia lázaro dijo...

Alquimista del...: Chema es mágico. Cuando estás ante una obra de Lumbreras, estás ante la reflexión inteligente que encierra el sentido del buen humor. Sí, afina y domina la técnica.
besillos
silvia lázaro